
Estás sentado en el pasillo del tribunal con tu defensor público, y te está explicando el acuerdo de culpabilidad como si fuera el final de la conversación. Suena manejable: una multa, algunas clases, nada que parezca que deba seguirte a casa. Nadie en ese pasillo te ha preguntado a qué te dedicas, y empiezas a preguntarte si...
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